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En los últimos años se ha observado un notable incremento en la prevalencia de la miopía en la población infantil, fenómeno que se atribuye en gran medida a cambios en el estilo de vida. La disminución de la agudeza visual asociada a esta ametropía puede repercutir negativamente en el rendimiento escolar, así como en la práctica de actividades lúdicas. Además, la progresión de la miopía hacia valores moderados o altos (más de 6.00 dioptrías de miopía) incrementa el riesgo de desarrollar, en la edad adulta, patologías oculares asociadas a la miopía magna como son el glaucoma, el desprendimiento de retina o la maculopatía miópica.

La identificación temprana de los niños con riesgo de desarrollar miopía resulta fundamental, ya que permite instaurar medidas preventivas y terapéuticas precoces. Para ello, es imprescindible la realización de exámenes visuales completos que faciliten una detección temprana y un seguimiento adecuado.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

Diversos estudios han identificado una serie de factores de riesgo asociados al desarrollo y progresión de la miopía en niños y jóvenes, entre los que destacan:

  • Antecedentes familiares de miopía.
  • Origen étnico asiático.
  • Tiempo de exposición al aire libre inferior a 2 horas diarias.
  • Realización prolongada de tareas en visión próxima, especialmente a distancias cortas o durante periodos superiores a 45 minutos sin descansos visuales.

¿Los padres o familiares de los niños podemos hacer algo?

La evidencia científica señala la importancia del tiempo al aire libre y de la exposición a la luz natural como factores protectores frente al desarrollo de la miopía, especialmente antes de su aparición. Aunque no es posible eliminar las horas dedicadas al estudio o a actividades de ocio en visión próxima, sí es recomendable estructurarlas en periodos más cortos.

Se aconseja realizar descansos visuales cada 30 minutos, durante los cuales el niño debe fijar la mirada en objetos situados a una distancia mínima de 6 metros, como puede ser una señal, una matrícula o un cartel visible a través de una ventana.

La distancia de trabajo en tareas como la lectura o la escritura varía según la edad y la longitud del brazo del niño, pero se recomienda que no sea inferior a 20 cm. En aquellos casos en los que el niño adopte distancias excesivamente cortas, resulta altamente recomendable la realización de un examen visual para descartar defectos refractivos no diagnosticados.

¿Y si, aun así, la miopía aparece y progresa?

Cuando la miopía aparece y muestra tendencia a progresar, existen diferentes estrategias terapéuticas dirigidas a controlar su evolución.

Las opciones disponibles incluyen el uso de lentes oftálmicas o lentes de contacto específicamente diseñadas para el control de la miopía, los tratamientos con colirios como la atropina a bajas concentraciones y/o la combinación de ambos métodos, según las características y necesidades de cada paciente.

Si bien, los estudios actuales sólo han demostrado eficacia en el control de la miopía en pacientes de hasta 14 años, fuera de ese rango no podemos asegurar que sean efectivos para el control de la miopía, aunque no son excluyentes.

En el Instituto Oftalmológico Recoletas (IOR), contamos con profesionales especializados en el manejo de la miopía infantil que, tras una evaluación exhaustiva, pueden recomendar el tratamiento más adecuado de forma individualizada para cada niño, así como su seguimiento.